CUANDO EL COVID-19 NO ES EL ÚNICO MAL QUE DEBEMOS COMBATIR

Ante la pandemia del coronavirus, Acción contra el Hambre lucha por reducir las brechas en las poblaciones más vulnerables.

Por María Paz Gonzales/Acción contra el Hambre Perú - 24 de abril de 2020

Poco se sabe de la enfermedad y aún menos de la cura. No solo se desconoce la fórmula definitiva que podría dar fin a la batalla contra el COVID-19, sino también la manera en que las sociedades se tendrán que adaptar en base a nuevas normas de higiene y convivencia. Estas circunstancias generan más incógnitas que respuestas hoy en día.

Actualmente existen en el mundo más de tres millones y medio de personas contagiadas y casi 300.000 fallecidos. La agresividad con la que avanza el virus ha propiciado la necesidad de tomar decisiones drásticas por parte de los gobiernos, adoptando medidas de contención y mitigación como el cierre de fronteras, el aislamiento y distanciamiento social. En respuesta a esta amenaza global, los principales esfuerzos de los gobiernos se dirigen hacia el fortalecimiento de los sistemas de salud, así como lograr unos niveles de inversión pública que permitan contrarrestar las consecuencias socioeconómicas a las que se verá expuesta la población durante y después de la pandemia. 

LA VULNERABILIDAD DENTRO DE LA VULNERABILIDAD

 

Para muchos países de la región el COVID-19 es también un recordatorio de la vulnerabilidad que se mantiene escondida no solo en las zonas más alejadas, sino en el caos de las urbes, donde grandes sectores de la población tan solo sobreviven el día a día. Esta condición se desvela desde que hablamos de una práctica de prevención tan básica como el lavado de manos. En el Perú, entre siete y ocho millones de personas no cuenta con acceso a agua potable. En el caso de Lima - a la fecha la ciudad con mayor cantidad de personas infectadas-, 1.5 millones tampoco accede a sistemas de alcantarillado. Existe un gran contraste entre la zona urbana y periurbana, donde los pueblos jóvenes y pequeños asentamientos humanos no gozan del servicio de agua ni desagüe, a diferencia del resto de zonas de la capital (OXFAM, 2019). En contextos como este, donde una práctica tan sencilla como el lavado de manos no es posible para uno de cada tres peruanos, la prevención de la enfermedad se convierte en un ideal y no una realidad.

La segunda cuestión surge a partir de la media de aislamiento social y su impacto en las economías familiares en un país en el que el 73% del mercado laboral es informal. Este rubro representa a los microempresarios y microempresarias, quienes sostienen a la población económicamente activa; el 98% de las empresas en el Perú son microempresas. En una situación de emergencia como en la que nos encontramos, donde el aislamiento social obligatorio es una medida necesaria, la incertidumbre para las familias no solo está en poder adquirir alimentos y artículos de primera necesidad, sino en hacer frente al pago de alquileres, préstamos, educación e incluso salud.

En este contexto es fundamental hablar de la población que se encuentra en una situación de vulnerabilidad adicional:  la población migrante y refugiada venezolana que reside en el territorio peruano. Si el Estado no cuenta con bonos suficientes para proteger económicamente a todos los ciudadanos, resulta más compleja aún la situación para las personas migrantes quienes tienen un menor acceso al mercado laboral y están más expuestos a sufrir situaciones de abuso y discriminación. El 33% de migrantes y refugiados venezolanos se ha quedado sin empleo durante la cuarentena y solo el 8.8% de los que aún lo conservan se encuentra laborando[1].

 

[1] Encuesta realizada por Equilibrium CenDE (2020)

LA RESPUESTA HUMANITARIA ES INDISPENSABLE

 

El papel que juega la acción humanitaria en un escenario de emergencia es clave para contrarrestar los daños causados en las poblaciones más afectadas. En Acción contra el Hambre la misión es la misma: luchar contra el hambre como causa y consecuencia de desigualdades; durante la pandemia de COVID-19 el hambre ha aumentado y con ella también la intensidad y la fuerza con la que deben actuar.

Los casi cincuenta años de experiencia en crisis humanitarias, en los que su red internacional de expertos en la movilización de recursos, respuesta y rehabilitación permite a Acción contra el Hambre una pronta intervención en casi cualquier crisis alrededor del mundo.

Para América Arias, directora de Acción contra el Hambre en Perú, la respuesta tiene que ser muy rápida y eficiente. Frente a la crisis, la organización no tarda más de 24 horas en convertir una donación de miles de soles en alimento, ni más de 72 horas en distribuir productos de higiene a las poblaciones más necesitadas. Trabajamos de manera articulada con instituciones del gobierno peruano, tanto a nivel nacional como regional y local, para entregar donaciones en aquellas zonas donde teníamos intervención antes de la pandemia. Apoyamos al MINSA en la difusión de sus campañas sanitarias,

prevención y promoción de la salud, pautas de higiene y lavado de manos. Por otro lado, nos articulamos con organismos internacionales, agencias de las Naciones Unidas, así como con diferentes instituciones de distintos gobiernos europeos y del mundo, orientados a canalizar fondos que nos permitan responder a las familias que más lo necesitan, tanto poblaciones locales como migrantes. Nos guiamos por garantizar las condiciones básicas de la población más vulnerable, sin discriminación ideológica, ni de sexo o género, explica.

A la fecha, Acción contra el Hambre ha apoyado la distribución de más de 40 toneladas de comidas para instituciones que ayudan a familias peruanas sin recursos, comedores y para albergues con población migrante venezolana. También se están realizando las gestiones necesarias para hacerles llegar productos básicos de higiene que puedan distribuirse a través de los centros de salud y llegar así a la población asignada, la cual puede ser de origen peruano, venezolano u otras nacionalidades. En esa misma línea, se están gestionando recursos para apoyar al Estado en la entrega de un subsidio de 380 soles para aquellas familias vulnerables a las que no se ha logrado atender. Cualquier donante público o privado puede apoyar con donaciones monetarias o en especie.

APRENDER PARA RECUPERAR

 

Salir de la pandemia nos cura del virus, mas no de las secuelas que quedarán a nivel social. Existirá un daño inevitable en nuestro camino hacia la erradicación de la pobreza, pero con grandes lecciones aprendidas. La crisis nos demuestra que cambiar de prioridades es posible y necesario, como en esta coyuntura, particularmente extraordinaria, en la que la economía, debe ponerse al servicio de los derechos humanos para atender las necesidades de salud, educación y alimentación. Esta es una oportunidad para ser más reflexivos y comprender que los seres humanos somos interdependientes y el bienestar solo será posible si nos cuidamos y respetamos de manera colectiva y solidaria.

Acción contra el Hambre no solo reacciona ante las necesidades básicas propias del estado de emergencia. Ya se ha desarrollado una estrategia que contribuya a facilitar el trabajo del gobierno post COVID-19, respondiendo a los ejes determinados como prioritarios por la organización, incluyendo aquellos - no menores - como la xenofobia, violencia familiar y contra las mujeres, situaciones que se agudizan durante el aislamiento y se hacen visibles en el alarmante crecimiento de sus cifras. Ninguna medida de ayuda debería ignorar estas circunstancias de abuso y violencia. En este sentido, América Arias asegura que la transformación de la sociedad es inherente al fin de la pandemia.

No podemos salir igual que siempre, no podemos pretender ser los mismos después de esto, ni en el Perú, ni en Latinoamérica, ni en el mundo. Lo que sigue, una vez terminado el proceso, es hacernos la pregunta como nación, como país, como ciudadanía, pero también como gobernantes: ¿De qué manera podemos contribuir a la construcción de un mejor país después de todo lo que estamos aprendiendo con esta pandemia?

 

El coronavirus nos está dando el mensaje más importante en un mundo orientado al individualismo, y la autodestrucción: la protección de nuestro entorno y de los demás está en nuestras manos.

Calle Río de la Plata Nº 396, San Isidro, Lima - Perú

info@accioncontraelhambreperu.org

Teléfono: +51 6282835

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